Viajar ha cambiado mucho en los últimos años. Las compañías Low Cost, las ofertas de internet, la gran cantidad de viajes express y la globalización, han desmitificado y allanado el camino de los viajeros en las últimas décadas.

Sin embargo, en las antípodas de esa rueda, un movimiento pretende recuperar la esencia del viajero y recordar que viajar es mucho más que llegar a un destino o ver los checkpoints que nos marca la guía de turno, el Slow Travel.

El Slow Travel trata de experiencias totalmente inmersivas. Se centra en una experiencia prolongada y profunda, principalmente compartida con los habitantes locales y que nos produce un conocimiento interno y externo mucho más profundo.

Los Slow Travels no tratan únicamente de obviar las atracciones turísticas o los destinos populares si no que atañe a la forma en la que decidimos disfrutarlos y de cómo los trayectos y las actividades que realizamos nutren esa experiencia.

El Slow Travel trata de tomarse un tiempo para abrazar todo lo que nos rodea, para disfrutar incluso de las cosas más simples que no son necesariamente las más populares o las más famosas. Si obviáramos estos aspectos, en realidad viajar no sería nada más que ver lugares hermosos porque «DEBES ir a ver eso», y la verdadera experiencia, historia o hecho que llevó a ese sitio a ser tan importante o bello queda desdibujado o descontextualizado, perdiendo totalmente su significado.

Con un itinerario “Slow”, el viajero no experimentará el estrés de intentar tachar todos los sitios de su guía. En su lugar, permanece en un lugar el tiempo suficiente para reconocer a sus vecinos, comprar en los mercados locales y elegir su cafetería favorita.

Pocas sociedades se mueven tan rápido como la occidental, por lo que la desaceleración en otros países no solo te permite escapar de tu estresante vida cotidiana, sino que también te introduce de forma natural al ritmo de otra cultura.

Otra ventaja menos obvia de los Slow Travels es que generalmente son mucho más beneficioso para el medio ambiente que otro tipo de viajes. Si bien los aviones han sido identificados como los principales contribuyentes al calentamiento global, los trenes son una alternativa mucho más ecológica, al igual que las bicicletas y, por supuesto caminar. Incluso viajar en automóvil se vuelve menos perjudicial para el medio ambiente cuando solo se conduce distancias cortas.

Los viajes “Slow” también suelen ser más económicos. Permanecer en un lugar durante una semana, o más, a la vez reduce los costes de transporte, y los alquileres vacacionales a menudo son más rentables que los hoteles, ya que te permiten cocinar tu propia comida en lugar de comer fuera. Además, una estancia prolongada en el mismo lugar, puede darte opciones de negociación sobre el precio.

En definitiva, el Slow Travel, además de cuidar el medio ambiente, nuestras economías y nuestra vida social, es un gran potenciador del crecimiento personal y nos lleva a vivir experiencias únicas y personales que nos hacen crecer y conocernos de una forma única.